La República de Irlanda e Irlanda del Norte fueron parte de una misma entidad político-territorial hasta 1922, cuando la partición supuso una frontera arbitraria basada en la distribución religiosa de la población. Pero como esta no era homogénea, los conflictos persistieron y la frontera se militarizó hasta que se firmó el Acuerdo del Viernes Santo de 1998. El Brexit -su anuncio en 2016 y su concreción en 2020- significó el resurgimiento de temores respecto del futuro de la frontera y de la convivencia entre ambas Irlandas, tanto en cuanto a sus relaciones comerciales como sentimientos identitarios.