Desde finales de la década del `80 y durante los `90, las universidades de la región -y en particular las universidades públicas argentinasimpulsaron diversas políticas de desarrollo de la extensión y fueron definiendo un conjunto de instrumentos de gestión que le otorgaron progresivamente a esta función un lugar importante en la agenda institucional (Menéndez, 2023). En Argentina, como en otros países latinoamericanos, las normativas universitarias vigentes establecen que las universidades tienen tres funciones sustantivas: docencia, investigación y extensión. Esta última encarna el compromiso social de la universidad al tiempo que supone que la colaboración entre equipos universitarios y la comunidad no solo favorece la mejora de las condiciones de vida de los sectores sociales con los que se articula, sino que también redunda en un fortalecimiento de la formación profesional y en la calidad de las investigaciones que desarrollan los equipos. Ahora bien, como señala Menéndez (2023), más allá de la existencia de algunas prácticas integradas, continúan siendo muy pocas las experiencias de este tipo con algún grado de institucionalidad.
En efecto, la ‘integralidad’ se presenta como una meta a alcanzar puesto que, en una importante proporción de universidades públicas, la docencia es la función que termina predominando por sobre las demás, dadas las limitaciones impuestas por circunstancias y exigencias diversas del sistema de educación superior (Galán y Maroscia, 2019).
En este marco, el capítulo presenta la experiencia de nuestro equipo en la ejecución concreta de estas prácticas integradas. Se entiende aquí que esta experiencia puede oficiar como un caso que ejemplifica el modo en que se puede producir la articulación entre docencia, investigación y extensión, permitiendo enriquecer las discusiones alrededor de la integralidad.