La construcción arquitectónica y la configuración del territorio se nos presentan, desde la mirada histórica, como hilos conductores de los procesos socio-productivos que forjan el trayecto desde los orígenes de la civilización hasta el presente en el que hoy nos referenciamos. El análisis materialista de estos procesos nos posibilita reconocer el papel que juegan y han jugado las relaciones de producción y de propiedad en las configuraciones del territorio, la ciudad y la arquitectura.
Sabemos que en cada momento histórico cambian las características y localizaciones de las construcciones en el espacio, varia también su significado según las condiciones sociales, económicas, culturales y políticas de cada civilización. Estas combinaciones, de los elementos naturales y construidos intervenidos socialmente, dan como resultado particulares configuraciones de las ciudades y el territorio.
Poner foco sobre las interacciones entre la forma, estructura y los usos en el espacio, respecto de las necesidades sociales, la organización política, las relaciones de poder y propiedad, la apropiación diferenciada y disputas por el espacio, resulta clave para la comprensión histórica.