Como agente transformador del ambiente, la especie humana generó nuevos y diferentes paisajes, y modificó su dinámica y usos para satisfacer sus necesidades. Si bien es cierto que la magnitud de su influencia no es comparable con la del universo climático o geodinámico, los seres humanos, a través de sus obras, han posibilitado en numerosos espacios, importantes cambios en el funcionamiento de los ecosistemas y en el sistema geomorfológico, y este accionar ha determinado importantes problemas para el ambiente.
A lo largo del tiempo, el término ambiente se ha ido reconfigurando gracias a los aportes de distintos académicos y actores sociales, así como de las potencias que continúan expresando sus intereses a través de la construcción de sentido.
Desde la gestión ambiental, cuando hablamos de ambiente, lo hacemos desde una perspectiva holística. Esto se debe a la necesidad de un abordaje integral, por tratarse de un sistema complejo que está compuesto de muchísimas interrelaciones en su interior. Estas interacciones cuentan con causas específicas y variadas (derivadas de motivos biológicos, climáticos, sociales, culturales, económicos, etc.) y definen distintos escenarios. Es decir, dependiendo la causa por la que dos o más componentes se relacionan, cómo esta interacción ocurre y cuáles son sus consecuencias, se producirá un escenario particular asociado.