El presente trabajo analiza la transformación de las fuerzas armadas argentinas desde la restauración democrática en 1983 hasta el escenario geopolítico actual. Herederas de un modelo de actor político predominante, con altos presupuestos, rol central en la política interna y alineamiento con Occidente en la Guerra Fría, las fuerzas armadas sufrieron una rápida subordinación política y una drástica reducción presupuestaria a partir de 1983, que derivó en un "desarme y desmovilización de hecho". Esta situación, que se extiende hasta el presente, ha dejado a la institución con una capacidad mínima para su misión principal, enfocándose en demandas "civiles" como apoyo a la comunidad o asistencia en catástrofes.
Paralelamente, el escenario internacional ha mutado significativamente desde el fin de la Guerra Fría, transitando de una hegemonía unipolar estadounidense a una "nueva Guerra Fría" caracterizada por la competencia hegemónica entre Estados Unidos y China. Esta disputa, de índole económica, comercial, tecnológica y por recursos, tiene repercusiones directas en Sudamérica, percibida por Estados Unidos como una zona de paz relativa pero crecientemente objeto de interés estratégico por parte de China, Rusia e Irán. La región, y particularmente el Atlántico Sur, emerge como un espacio estratégico clave debido a la abundancia de recursos naturales (litio, gas, petróleo, alimentos) y su potencial para nodos logísticos. A pesar de una tendencia de paz interestatal en la región, la presencia de intereses de potencias globales configura un escenario más expuesto e inestable.
Ante este panorama, se plantea la necesidad de reconfigurar las fuerzas armadas argentinas para que puedan constituir un instrumento militar disponible y adecuado. Esto implica abordar aspectos estructurales, el despliegue castrense y una modernización material sistemática, priorizando la problemática del Atlántico Sur.