Cuando hablamos de educación solemos pensar inmediatamente en escuelas, universidades y aulas. Se trata de ámbitos que, por su historia y especificidad, reconocemos rápidamente como educativos. Sin embargo, éstos son modos particulares de organizar la educación, que no son (ni nunca han sido) los únicos posibles. Junto a éstos existen otros escenarios que trascienden los límites de las aulas como las bibliotecas, los museos, los centros comunitarios y culturales, los parques y jardines, los observatorios, los planetarios, las ludotecas, entre otros. También las ciudades son pensadas desde hace tiempo como territorios educativos en los que varias acciones pedagógicas son posibles. Se trata de ámbitos y escenarios cuyos límites espaciotemporales se amplían cada vez más con la incorporación de las tecnologías digitales, los entornos virtuales y las redes sociales.
Cuando las propuestas y espacios educativos no se enmarcan estrictamente en el formato áulico, suelen usarse distintas categorías conceptuales, entre las cuales educación no formal e informal, son las que surgen con mayor frecuencia. La intención de este capítulo es invitar a discutir esas categorías y sus significantes, pensando en los sentidos de la educación, desde una perspectiva en la que más que trazar límites, se trata de articular el trabajo de diferentes escenarios e instituciones de modos más heterogéneos, flexibles y plurales (Pedersoli, 2020).