El día domingo 28 de septiembre de 1997, Emilio Blanco fue trasladado por un patrullero policial hacia la comisaría primera de Chascomús, donde fue torturado y posteriormente asesinado por funcionarios policiales. Se trata de un joven de 16 años, estudiante del Instituto Corazón de María e hijo de Patricia Buceta y Elias Blanco. El caso involucra al jefe de calle Fermín Basualdo y al comisario Freites como principales autores del homicidio y la complicidad de otros miembros de la fuerza presentes aquella noche. Este acontecimiento que acabamos de relatar en unas pocas líneas, es fruto de la persistencia de sus familiares en la lucha por la verdad, pero por sobre todo de un extenso ciclo de protestas conocido localmente como “Las marchas del silencio”. Como nos cuentan muchos de sus involucrados, estas movilizaciones significaron para la ciudad de Chascomús un “acontecimiento sin precedentes”, que asombró al común de la ciudadanía por su espontaneidad y masividad. El objetivo de esta ponencia es presentar algunos avances de la tesina que venimos realizando, en la cual nos indagamos los atributos y particularidades que convirtieron esta muerte violenta en un caso conmocionante local. Partimos de que la muerte se convierte en un caso solo cuando logra moldear y estimular la dinámica política y social en un tiempo/espacio determinado (Kessler 2018). Nuestro estudio en particular, trata sobre una experiencia manifestante, convocada a raíz de una muerte jóven en la localidad bonaerense de Chascomús a fines de la década de los 90. La particularidad que nos inquieta y nos convoca, no es sólo es la masividad atípica del ánimo manifestante, sino también el fuerte involucramiento de la iglesia católica en la organización de la protesta.