En estos juegos de oposiciones que Milei establece como binarios, el judaísmo aparece vinculado a la defensa del liberalismo económico y a una alianza geopolítica basada en Occidente. Tokatlian (2024) advierte sobre los riesgos que entraña la exageración de esta posición en materia de política exterior. Brevemente, la estrategia del presidente puede pensarse como un ejercicio de “hiperoccidentalismo” singular, cuya intensidad en su acoplamiento, acomodamiento e involucramiento con (cabría decir, lo que Milei interpreta como) las exigencias de una férrea identidad con Occidente lleva a la Argentina a contrariarse con los países que integran la Liga Árabe y la Organización de Cooperación Islámica, también presentes en el C-24, el Comité Especial de Descolonización. En definitiva, se trata de entidades que apoyan el reclamo soberano argentino en Malvinas, pero que ya han expresado y/o podrían verse crecientemente desairadas en virtud del quiebre de Milei con la tradición de postura equidistante del país respecto al conflicto palestino-israelí.
Este trabajo se centra en cómo estas posturas han sido recibidas por actores comunitarios judíos, explorando los discursos que tres agrupaciones comunitarias han planteado en sus redes sociales. En primer lugar, se trabajará con las declaraciones públicas de la organización Llamamiento Judío, que se presenta como una iniciativa de construcción identitaria judía progresista, vinculada a sectores de la izquierda peronista (especialmente el kirchnerismo). La segunda es Meretz Argentina, rama local del partido político de izquierda israelí, que tiene una presencia tradicional en el país y agrupa a otras organizaciones comunitarias, desde juveniles hasta la dirección editorial del periódico Nueva Sión. Finalmente, se analizarán las declaraciones en redes sociales de una organización histórica de la izquierda comunitaria no sionista, la Fundación ICUF Argentina (Federación de Entidades Culturales Judías de la Argentina), que también se ha manifestado repetidamente sobre estos temas.