Desde una mirada pedagógica, partimos del reconocimiento que “la formación del arquitecto se estructura a partir de la capacidad de integración de conocimientos y habilidades, provenientes de distintos campos, cuyo esfuerzo de síntesis se materializa en el proyecto” (Gorostidi, Risso, Dominguez, 2015, p.4). La acción de proyectar encierra en sí misma una particular condición integradora; que implica “construir teoría desde la práctica”, reflexionando a partir del hacer; actitud que para su desarrollo compromete no solo al Taller de Arquitectura, sino que debe ser estimulada desde todas las áreas de la curricula, conjuntamente a la enseñanzaaprendizaje de los contenidos propios de cada materia.
Este planteo muy general lleva no solo a priorizar y jerarquizar los contenidos, sino a preguntarnos de que manera los ponemos al alcance de los estudiantes; dado que un tema que se transmite como “cerrado” en sí mismo, difícilmente permitirá la reflexión necesaria para ser integrado. Cabe preguntarse, entonces, para empezar a pensar ¿de qué manera ayudamos a los estudiantes a “integrar” la Historia a su formación?