La producción ovina argentina constituyó la principal actividad ganadera del siglo XIX con casi 75 millones de ovinos. La lana ocupó el primer lugar entre las exportaciones del país y las existencias estaban concentradas (70%) en la provincia de Buenos Aires. La expansión de la ganadería bovina y de la agricultura generó un corrimiento de la actividad hacia otras regiones, con la consecuente reducción de existencias en la pradera pampeana, que en la provincia de Buenos Aires significó pasar de 46 millones de cabezas (1875) hasta 1,9 millones en la actualidad. Existe escasa información que aborde integralmente la producción ovina en Buenos Aires e identifique los problemas que afectan a los productores ovinos locales. Un diagnóstico publicado por el Programa Ovino de Buenos Aires (2010) encontró como dificultades: escaso volumen de faena; baja rentabilidad; baja adopción de tecnología (alimentación, selección, entre otros); ruptura de la cadena de valor; escasa infraestructura, pérdida de personal especializado y abandono de los establecimientos dedicados a la actividad. El sector ovino está atomizado en pequeños y medianos productores y emprendimientos familiares, con el consecuente escaso dinamismo tecnológico y empresarial. Para este tipo de productores y para el sector en general, los procesos de aprendizaje se desarrollan con una participación central de las instituciones públicas, la cuales pueden ser factores determinantes del nivel de adopción de tecnologías probadas y conocidas; ejerciendo un rol preponderante como fuentes de generación de conocimientos aplicados a través de la asistencia integral (desarrollo de actividades productivo – comerciales, organizacionales). A partir de lo expuesto se propone indagar sobre la existencia de políticas públicas que puedan resultar en oportunidades para la recuperación y el desarrollo del sector ovino de Buenos Aires e identificar aquellas que se están aplicando.