Urbanizaciones racionalmente concebidas requieren del conocimiento geomorfológico del territorio sobre el que se asienta y necesitan de bases hidrológicas e hidráulicas para determinar los niveles de afectación por eventos pluviales extremos de variada probabilidad de ocurrencia. En la Gestión del Riesgo, las medidas No Estructurales (MNoE) como la planificación del territorio, la concientización pública y la adaptación a las condiciones ambientales, no deben ser consideradas complementarias a las Medidas Estructurales (ME) o infraestructura pluvial, sino más bien, la base del conocimiento. Las obras estructurales se plantean cuando los daños “frecuentes” superan un umbral tolerado por la sociedad y se justifican a través de relaciones Beneficio/Costo debiendo ser evaluadas no solo por los daños económicos materiales y humanos ante un evento de diseño, sino ponderándolos con las recurrencias de las precipitaciones, obteniéndose así el Daño Medio Anual Evitado (DMAEv) que justifique las obras.