La ruta provincial N°19, conocida como el "camino negro", serpentea en el corazón de la Reserva Natural de Punta Lara, en el Partido de Ensenada, provincia de Buenos Aires. No es solo una vía de transporte; se presenta como un corredor cargado de significados profundos, un trayecto que resguarda fragmentos de la memoria colectiva de una época en que las políticas sociales y laborales del primer peronismo (1946- 1952) marcaron un cambio trascendental en la vida de la clase trabajadora argentina. Hoy, este camino, que transcurre entre la ruta nacional 2 (autopista Dr. Ricardo Balbín) y la ruta provincial 11, y en gran parte discurre paralelo al arroyo Carnaval, evoca el legado de un tiempo en el que los derechos laborales y el bienestar social se consolidaron como aspectos centrales en la vida cotidiana de la clase trabajadora.
Este tramo de casi diez kilómetros, fruto de las políticas del gobierno peronista, está vinculado a legislaciones que buscaban proteger al sector trabajador, otorgando derechos que hasta el momento le habían sido negados, tales como la reducción de la jornada laboral, vacaciones pagas, aguinaldo y otros beneficios. El turismo social, como parte de estas políticas, emergió para democratizar el acceso al ocio y la recreación. Para hacerlo posible, se impulsaron diversas acciones, entre ellas, la construcción de caminos y rutas que facilitaran el acceso a sitios recreativos, como la ex ruta provincial N°19, que conectaba a la clase trabajadora con las playas de Punta Lara.
Como resultado, el balneario de Punta Lara se transformó en un espacio de encuentro y cohesión social para las familias trabajadoras, representando no solo un lugar de descanso, sino un símbolo de los derechos adquiridos en un contexto en que el peronismo promovía políticas de igualdad para los ciudadanos. Al acercarse al río, los trabajadores y sus familias se sentían parte de una comunidad unida y fortalecida por estas conquistas sociales. Las escenas cotidianas de música, comidas compartidas y risas en las costas de Punta Lara consolidaban la identidad de una clase que veía en el turismo social un testimonio de sus logros sociales. La creación de este camino facilitó el acceso a estos espacios recreativos y también fortaleció la solidaridad e identidad entre quienes disfrutaban de este territorio. Este trayecto, más que conectar físicamente a los habitantes con el balneario, simbolizaba su integración en un proyecto de justicia social impulsado por el gobierno.
Los relatos orales de los vecinos y sus descendientes —quienes recuerdan y resignifican aquellos veranos— cobran una importancia especial. Para ellos, esos tiempos en la “Mardel de Ensenada” se evocan como momentos de festividad, alegría y unión. Hoy, la ruta provincial N°19, a pesar de su deterioro y abandono, sigue siendo un símbolo de la memoria colectiva, preservado tanto en los relatos de quienes vivieron esos tiempos de esplendor como en las historias transmitidas a las nuevas generaciones. Estas narrativas mantienen viva la significación de un período de bonanza y refuerzan el sentido de pertenencia y el valor de un imaginario social que integra memoria, identidad y justicia social, un reflejo de la historia compartida que sigue viva y conecta a las generaciones de hoy con el sentido de pertenencia de sus antepasados.