Recordar cómo aprendimos, cómo fueron los primeros pasos para empezar a dominar la guitarra y a través de ella, introducirnos en la experiencia de hacer música, de estudiarla, comprenderla, aprehenderla y enseñarla, parece una invitación a intentar reconstruir retazos de un pasado que se suele olvidar. Tomando como punto de partida la formación de educadores y educadoras musicales, y en particular, los años superiores de nuestra asignatura, Guitarra III y IV, pareciera casi inevitable esta evocación: pensar y plantearse problemas vinculados al primer encuentro con la guitarra y la música, y recapitular la experiencia propia así como la de los y las compañeros/as, podría configurarse en un recurso más que importante para el desarrollo de caminos posibles para la enseñanza del instrumento en nivel primario y medio, como en talleres barriales y ensambles.
Es en este punto, en el cual el pensamiento crítico y la autocrítica pueden y debieran ser puntos de partida de nuevas preguntas, de nuevas tésis que pongan en crisis los paradigmas, estereotipos, estrategias y conceptos que nos habitan, que hemos recibido como herencia y que posiblemente se han alojado en nuestras concepciones y metodologías como reglas, caminos o mandatos libres de revisión.