Este capítulo tiene como objetivo caracterizar la cuestión social en esta primera parte del siglo XXI, tomando como punto de partida las desigualdades sobre las cuales América Latina se desarrolló históricamente con temporalidades superpuestas. Estas desigualdades de origen han existido y siguen existiendo de diversas maneras, a pesar de que han sido relativizadas por las narrativas articuladas desde una visión del mundo hegemónico. Hay problemáticas que vienen desde la colonización y hay discursos que silencian esas problemáticas, tomando de manera arbitraria un inicio temporal que coincide con la idea de pensar el progreso como una forma de olvidar a otros que existieron y fueron sometidos a través de diversos sistemas de dominación. A manera de hipótesis, planteamos que estamos en tránsito hacia un proceso de complejización de la cuestión social, por la incorporación de otras dimensiones latentes que no se habían explicitado hasta el momento, pero que estaban ya en nuestra larga y dolorosa historia de nuestros países. Asimismo, nos proponemos mostrar la densidad que van adquiriendo esas dimensiones de forma heterogénea y, con escenarios diversos, respecto a las respuestas tradicionalmente conocidas. Existe un entrecruzamiento de esas dimensiones con las decisiones políticas y económicas que muestran un panorama abierto, explicitado por la pandemia, respecto al crecimiento de la pobreza, del desempleo, de la informalidad e inercia productiva que afectará aún más la producción y reproducción de la vida social. Dicho proceso está atravesado por la precarización de las condiciones materiales y subjetivas de la vida en sociedad. Por ello, tomaremos la noción de régimen de precarización de Isabel Lorey (2016), que muestra las desigualdades y sus multifacéticas formas de manifestarse históricamente.