Derrida (2006) nos recuerda que para la tradición Occidental el animal ves aquel que no posee logos. La potestad humana de negar logos al animal es común a la de nombrarlo: Adán aparece en la tierra después que el animal. En este sentido lo sucede, nombrándolo y excluyéndolo del logos por mandato (promesa) divino. Esto quiere decir que estaba originalmente más allá del poder ser nombrado: pertenecía a otro orden. En este trabajo trataré de responder a la pregunta de si puede considerarse en la obra de Derrida la figura del animal como una alteridad radical diversa de la hiperesencialidad metafísica (Derrida, 1997).