¿Son las formas y los modos disociables en el discurso argumentativo? ¿Se pierde la razón por una mala forma? ¿Cómo un argumentador con una imagen de violento puede ser tan persuasivo? Estas son las preguntas que motivan el presente trabajo. ¿Quién sería capaz de negar la imagen de violento que posee el diputado de la nación y precandidato a presidente, Javier Milei? Sin embargo, aún con esa imagen, estamos hablando de un diputado, un representante de un sector de la población, lo que permite suponer que hay personas en el país que se sienten identificadas con él; lo cierto es que Javier Milei no siempre ha sido una figura pública o por lo menos no siempre tuvo la popularidad que hoy en día posee, es decir que tuvo que convencer a ese sector que hoy en día se siente representado por él. ¿Qué hay en la argumentación de Milei que convence a tantos? En este trabajo reflexionaremos acerca de si un argumentador debe necesariamente expresar sus ideas de manera calmada y no-violenta. preguntándonos si perdemos la atención del otro por dar argumentos de manera exaltada, y si esto es así, ¿por qué Javier Milei ha ganado tanta popularidad aun siendo un argumentador violento?