La incorporación de la Inteligencia Artificial (IA) está transformando la educación y, en este contexto, el aprendizaje como reorganización de las estructuras cognitivas impele distinguir entre el proceso y el producto del aprendizaje. El primero, abarca las actividades mentales para lograr un aprendizaje significativo; el producto, se visualiza en los resultados observables producidos por los estudiantes. Previo a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC)se asumía una correlación directa entre los productos observables y el aprendizaje del estudiante; aquel era un reflejo de éste. La irrupción de las TIC, potenciadas por la IA, ha desafiado esa lógica debido a que la generación automática de productos reduce su valor como indicador del aprendizaje. A partir de estos conceptos, el Aprendizaje Centrado en el Estudiante (ACE) encuentra un obstáculo serio con el uso indiscriminado de la IA debido a las limitaciones que implica su uso en el desarrollo de las habilidades cognitivas. En el otro extremo de la relación docente/estudiante, el uso de la IA abre un abanico amplio de posibilidades para los docentes y emerge como un aliado en el diseño y desarrollo de las actividades que requieren mucho esfuerzo y tiempo.