Quisiera comenzar con una breve aclaración acerca de la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz o sencillamente la Respuesta, a partir de ahora. Es una carta que escribe Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695) y es consecuencia de la reprimenda que recibió por parte del Obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, quien —en una carta firmada con el pseudónimo Sor Filotea de la Cruz—la exhorta a no discurrir sobre Teología. Además, le hace notar a Sor Juana que ha ocupado mucho de su tiempo en lo que él denomina "ciencias curiosas”, por lo que le aconseja retomar la lectura de la Sagrada Escritura. Es conveniente que tengamos en cuenta lo siguiente sobre las "ciencias curiosas”: implica una referencia de valor negativo acerca de la curiosidad. Equivalente a la codicia por el conocimiento mundano, que fue condenada como vicio por San Agustín. En su interpretación sobre el deseo de saber de sor Juana, el Obispo de Santa Cruz considera que la inclinación de la autora hacia esas ciencias curiosas es pecaminosa, a la vez que la aparta de la vida contemplativa y de oración esperable en una monja. Por ende, lo autoriza a la mencionada reprimenda (Brooke, 2017). Juana Inés profesó a sus 20 años en la orden de San Jerónimo. Partiendo de una formación intelectual autodidacta, el espacio de producción y socialización de Sor Juana se situó entre la corte virreinal y el convento católico. Uno y otro ámbito propiciaron sus relaciones con el poder civil y eclesiástico; por lo demás, las tertulias y locutorios en los que participaba consolidaban el carácter público de su obra. Con esto nos referimos a que su ulterior vida en clausura no significó que su pensamiento se desarrollara intramuros, sino que, por el contrario, su vida era pública, famosa y particularmente estimada.