En este artículo propondremos problematizar la cita que inaugura este trabajo; de relevar la figura de Hesíodo al interior de su tiempo histórico, sobre todo en lo referente a su vinculación con la tradición literaria anterior y la especulación filosófica posterior. (Colombani, 2016, p. 20 y ss.). El primer juego de preocupación radica en la tensión Homero-Hesíodo y hacia allí destinaremos el primer análisis. Si bien hay elementos comunes que asocian a ambas figuras, como la métrica, el lenguaje épico y la tradición de los rapsodas, hay significativas diferencias, que ubican a Hesíodo en otro lugar mental, en otro logos, tal como afirma el propio Lesky, un Hesíodo instalado "en un mundo configurado social y espiritualmente distinto” (1989, p. 144). En realidad, consideramos que la distinción va más allá de factores sociales o espirituales, aunque este término deberíamos redefinirlo; se trata de la radicalidad del campo mental la que, a nuestro criterio, coloca a Hesíodo en una zona bisagra, entre dos configuraciones mentales que resuelven su permanencia y continuidad o discontinuidad en esos finales del siglo VIII.