Vivimos en un mundo marcado por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad. En este tablero global, maniobrar posiciones estratégicas exige acciones colectivas y representativas y para ello, se necesita identidad. Este articulo refleja cómo el MERCOSUR enfrenta desafíos estructurales que van más allá del ámbito económico y político. Según Malamud (2016), la fragmentación de América Latina es un fenómeno histórico que complica la creación de un proyecto regional sólido. En él, la ausencia de un discurso unificador y de políticas que incentiven la participación popular amplía la brecha entre los ciudadanos y el bloque, comprometiendo su legitimidad y su continuidad como esfuerzo de integración.