Luego de tres décadas, la Ley de Educación Superior (LES) de 1995 sigue vigente como resultado de un equilibrio entre visiones contrapuestas. Aunque permitió cierta estabilidad institucional, no logró construir una mirada sistémica y estratégica sobre la universidad pública. En un contexto de recortes presupuestarios y desvalorización del rol estatal, este no es el momento para una nueva ley, pero sí para prepararnos colectivamente de cara a ese debate pendiente.