Una de las riquezas más copiosas, desde el punto de vista numérico, con que cuenta el Departamento de Arqueología y Etnografía del Instituto del Museo, a mi cargo, está formada por las colecciones líticas de la Patagonia. Cincuenta años de exploraciones y de recolección han dado lugar a la formación de un ingente «corpus» arqueológico, desmembrado, en la actualidad, en una gran cantidad de colecciones -diversas por su procedencia territorial, por el motivo que determinó su incorporación al Departamento y por su cuantía numérica-, pero similares, en muchos casos, por la reiteración de las formas comunes del instrumental, cuyas diferencias, mínimas, a veces, sólo son discernibles para el ojo experimentado del especialista.