Los cuerpos sometidos por las formas actuales del colonialismo, se ven atravesados por una carga de significados que se construyeron en los contextos actuales y hacen visibles una serie de marcas, que como heridas, se expresan en la subjetividad que se imbrica, articula y es funcional a la lógica del neoliberalismo.
Así, surgen nuevas formas de comprensión y explicación de lo que transcurre que, es insertada en el sentido común que muchas veces acepta, por ejemplo, la pérdida de derechos, posiblemente a partir de que logró vincularlos con lo vergonzante, anudarlos con la trasgresión y desprenderlos del todo social, es decir, de los deberes.
De esta forma, quizás se construyan las formas de la resignación en el siglo XXI. Diciendo descaradamente que lo que nos ocurre es producto de nuestros excesos y por ello debemos pagar una especie de condena que se transforma en una promesa de expiación sostenida y alentada por los diferentes aparatos de dominación. Estos, irrumpen y se incorporan a la vida cotidiana expresándose de una manera obscena y desvergonzada.