Actualmente todo juego que pretende "evolucionar” toma la forma de deporte y todo deporte que se empieza a masificar debe adaptarse a una forma agradable a la venta. Es así que sufre cambios reglamentarios que se adapten a la televisación, se confeccionan calendarios extenuantes llenos de partidos, se arman un sinfín de campeonatos, etc. El mercado acapara las actividades del tiempo libre y obtura la creación y la autogestión. El juego cede ante el deporte, vemos la deportivización de toda práctica corporal y la deportivización de la infancia. El deporte gana adeptos porque se puede vender, tiene una lógica mercantil, es producto y por eso se lo espectaculariza.