El presente trabajo analiza el impacto de la inteligencia artificial en el campo jurídico y propone una respuesta ética y política basada en la humanización de la práctica judicial. El autor examina el desarrollo histórico de las tecnologías de procesamiento del lenguaje natural y sus implicancias en la función jurisdiccional, destacando tanto sus potencialidades operativas como los riesgos asociados a su uso acrítico.
Desde una perspectiva interdisciplinaria, el texto sostiene que el avance tecnológico impone la necesidad de revalorizar las dimensiones afectivas, empáticas y relacionales del quehacer judicial. En este sentido, se postula una ética del cuidado y del afecto como categoría política, inspirada en los aportes de Carol Gilligan, Martha Nussbaum, Bell Hooks y Emmanuel Levinas, entre otros, para reconfigurar el derecho como práctica de reconocimiento y responsabilidad hacia el otro.
La obra concluye que el verdadero desafío contemporáneo no es resistir la tecnología, sino acompañar su desarrollo con una justicia más humana, fundada en el vínculo, la dignidad y el cuidado como principios rectores de la convivencia democrática.