Los satélites en órbita son la base de nuestra vida moderna. Proporcionan servicios de comunicación a largas distancias, monitoreo del tráfico aéreo, dan información meteorológica, realizan búsquedas y rescates, proporcionan información sobre el medio ambiente, entre otras cosas. Todos estos avances han aumentado las actividades espaciales pero también ha contribuido a la creciente nube de escombros que rodea nuestro planeta.
Para plasmar una idea de la gravedad de la amenaza, los más de 6.840 lanzamientos desde los 60 años han generado unos 40.500 objetos calificados como basura espacial mayores a 10 cm, 1.100.000 de 1 a 10 cm, de los cuales solo unos 39.340 y son rastreados regularmente por la Red de Vigilancia Espacial de los Estados Unidos. De todos esos objetos solo una pequeña fracción, alrededor de 11.000, son satélites operativos. Esta gran cantidad de hardware espacial tiene una masa total de más de 13.500 toneladas. Con las tasas actuales de lanzamiento anual de alrededor de 259, y con las futuras rupturas que continúan ocurriendo a tasas históricas promedio de 12 por año, el número de objetos de desechos en el espacio aumentará constantemente y con ello la probabilidad de colisiones catastróficas. Duplicar el número de objetos aumenta el riesgo de colisión en aproximadamente cuatro veces. A medida que crezca la población de escombros, se producirán más colisiones.
Todo parece indicar que en un futuro cercano nada cambiara, por lo tanto, las colisiones comenzarán a prevalecer por sobre las explosiones ahora dominantes y así, los fragmentos de colisión chocarán con otros fragmentos de colisión, hasta que toda la población se reduzca a tamaños subcríticos. Este proceso autosostenido, que es particularmente crítico para la región LEO, y se conoce con el nombre de "síndrome de Kessler". Debe evitarse mediante la aplicación oportuna de medidas de mitigación y remediación a escala internacional.
Este trabajo pretende poner en conocimiento que, sin una estrategia adecuada de mitigación, estamos dejando un legado de riesgo e inseguridad para las futuras misiones espaciales, con impactos que pueden prolongarse durante siglos.