Durante el siglo XIX se establece la novela como la forma literaria suprema debido a su versatilidad, profundidad, variedad temática pero, sobre todo, a la verosimilitud como valor máximo. Sin embargo, para comienzos del siglo XX, la estética realista parecía haber expresado cuanto tenía para decir. Los síntomas de su agotamiento, en la literatura inglesa, se advierten en varios autores finiseculares, tales como Joseph Conrad, Henry James, D.H. Lawrence y Thomas Hardy (por mencionar sólo algunos) quienes inician –las palabras son de Conrad– "un nuevo modo poco convencional y una nueva perspectiva” (Fletcher, 1991, p.400).