Los sistemas productivos hortícolas se caracterizan por una alta frecuencia e intensidad de laboreo. Estas labores son realizadas para cumplir con fines muy diversos como la preparación del suelo, el control de malezas, la incorporación de enmiendas y abonos, y la sistematización del riego. Otros aspectos destacados son la aplicación de riego gravitacional y tendencia al monocultivo.
La agricultura de conservación dedicada a la producción de hortalizas cuenta dispar desarrollo en otros países. Morse (1999) publicó un trabajo titulado "No-till vegetable production— its time is now”. El autor menciona el reconocimiento global que tienen las prácticas de labranza cero como estrategia conservacionista y sostiene que su adopción será posible en la medida que se desarrolle la maquinaria adecuada, se avance en la gestión de la cobertura y el manejo integrado de malezas.
El gran desarrollo logrado en la siembra directa (SD) no se ha reflejado en la producción de hortalizas pesadas, aún cuando cuentan con un nivel de intensificación intermedio y un cierto grado de similitud con la producción extensiva de granos. Dado que en la horticultura la acepción de SD se aplica para definir la siembra en el lote definitivo (sin trasplante), el término labranza cero parece el más apropiado.
En el contexto agroecológico de las regiones mayoritariamente extra pampeanas, con ambientes sumamente frágiles, sensibles a la erosión y con un alto nivel de degradación, resulta imperativo desarrollar tecnologías conservacionistas. El aumento de la producción, la reducción del impacto ambiental y un mejor resultado económico de la actividad darán la sustentabilidad al sistema.