El presente trabajo tiene por objeto abordar los vínculos de las fobias infantiles con la angustia en la obra de Freud, en pos de esclarecer la especificidad de la estructura y la función de estas tempranas manifestaciones clínicas.
Sabemos que, en "Inhibición, síntoma y angustia”, Freud otorga a la zoofobia del pequeño Hans el valor de paradigma del síntoma neurótico como creación destinada a anticipar y evitar una situación de peligro, la amenaza de castración, indicada mediante el desarrollo activo de angustia. La reproducción deliberada de un monto discreto de afecto en calidad de señal se extiende también a las llamadas "fobias tempranas”, aquellas ligadas a la soledad, a la oscuridad y a la circunstancia de quedarse a solas con extraños, que prevén el peligro de perder el objeto amado.
Semejante manera de pensar las fobias infantiles es solidaria de la idea de un progreso del desarrollo yoico; en tanto manifestaciones pasajeras, estos temores son considerados "episodios normales” en la vida del niño, en donde se suceden una tras otra distintas reacciones de angustia, conforme los avances del yo van tornando caducas las diversas situaciones de peligro.
No obstante, nos interesa poner el acento en otra vertiente de las relaciones entre las fobias infantiles y la angustia. En ese sentido, intentaremos delimitar las sucesivas aproximaciones freudianas en torno a la angustia, no como señal, sino como efectivo testimonio de una perturbación económica del aparato psíquico en sus nexos con la idea de la represión como respuesta al trauma. La hipótesis que guía nuestro trabajo es la siguiente: lejos de ser la reacción a una situación de peligro que motiva la represión secundaria, la angustia de las fobias infantiles es expresión de un excedente pulsional que fuerza al aparato a la puesta en acción de la represión primaria. Esta conjetura se aproxima, creemos, a la perspectiva propuesta por Lacan de la función de la fobia como estructurante del psiquismo.