El 17 de agosto se cumplió el cincuentenario de la muerte de Belisario Roldán, mi padre. Pero como dice Ángel Mazzei, en un artículo publicado recientemente en La Nación: "No son cincuenta años los transcurridos desde la muerte de Belisario Roldán. Es mucho más tiempo, tanto que nos parece una zona casi mitológica y el calificativo se relaciona bien con su persona, que adquirió en la admiración —en algún caso revestida de veneración— de sus contemporáneos un relieve y un matiz que sólo trasmite lo mítico. Belisario Roldán tuvo la polivalencia literaria que era característica de su generación". Ciertamente, además de abogado —graduado en 1895, aunque nunca ejerció la profesión— y político —en 1902 fue elegido diputado nacional por la Unión Cívica Nacional, que seguía las inspiraciones de Mitre, iniciándose el 30 de mayo de dicho año con un proyecto de ley, que fundamentó, sobre "Accidentes del trabajo"—, mi padre fue orador, poeta, dramaturgo, cuentista y periodista.