Esta ponencia se propone reflexionar sobre el cuerpo en juego en la escena teatral infantil, a partir del diálogo entre la concepción clásica del juego de Johan Huizinga y los aportes contemporáneos de Germán Casella sobre teatro y performatividad de género. Lejos de concebir el juego como mero entretenimiento, se lo aborda como una práctica simbólica, estética y política que produce mundos posibles, organiza subjetividades y activa modos alternativos de existencia. Desde Huizinga, el juego configura una experiencia separada de la vida ordinaria, en la que el cuerpo actúa "como si” fuese otro, instaurando una lógica ritual y ficcional que permite la emergencia de un orden simbólico autónomo. Casella, en cambio, inscribe esta lógica en una lectura crítica situada, al advertir que el juego escénico infantil también puede funcionar como dispositivo de normalización de los cuerpos, reproduciendo matrices de género heteronormativas. No obstante, también señala que, en ciertas poéticas, el cuerpo en juego se vuelve una superficie de experimentación sensorial, afectiva y kinética, capaz de interrumpir la norma y dramatizar formas de subjetividad no hegemónicas. Así, el cuerpo que juega no solo representa: deviene, se transforma, crea. El objetivo es pensar la escena lúdica como posible territorio donde se disputa qué cuerpos son, qué ficciones se encarnan y qué mundos pueden imaginarse.