En una aldea golpeada por el viento, los vecinos hablan de ruidos extraños en el castillo abandonado. Una noche, la narradora sube la colina iluminada por luciérnagas y descubre que los maullidos se mezclan con un violonchelo. En las manchas de humedad aparecen dos figuras: una acaricia un gato y la otra toca el instrumento. Fascinada, la protagonista queda atrapada entre lo real y lo ilusorio.