El presente trabajo problematiza la persistente hegemonía masculina que atraviesa al fútbol en la sociedad y que se reproduce de manera sistemática en la escuela primaria. La investigación no se limita a describir desigualdades, sino que propone un análisis de carácter social, político, cultural y económico, orientado a desnaturalizar los dispositivos que históricamente han legitimado el monopolio masculino en el campo futbolístico. Bajo esta perspectiva, el fútbol es entendido como un espacio de producción simbólica y material en el que se disputan identidades, capitales y derechos, y no como una práctica deportiva neutra o meramente recreativa. El aporte teórico de autores como Bourdieu, Foucault, Brohm, Gómez Rojas y Scharagrodsky permite leer al fútbol escolar como un terreno donde se inscriben relaciones de poder, mecanismos disciplinarios y normalizadores, habitus de género y procesos de reproducción social. De este modo, la exclusión de las niñas no aparece como un hecho aislado, sino como parte de un orden estructural que limita trayectorias, restringe oportunidades y perpetúa jerarquías. Se sostiene que la escuela, lejos de ser un escenario pasivo, tiene un rol decisivo en la transformación de estas lógicas. Promover el fútbol femenino en la infancia constituye un acto pedagógico y político que apunta a democratizar el acceso al deporte, habilitar nuevas formas de habitar el cuerpo y favorecer la construcción de una ciudadanía más justa e igualitaria.