La apicultura ha sido, después de la agricultura, una de las primeras ocupaciones del hombre desde la más remota antigüedad, donde algunos han dedicado la mayor parte de su tiempo en observaciones y estudios. Plinio dice que Aristomaco de Soli de Cilicia ocupó en estudiar los caracteres y costumbres de las abejas cincuenta y ocho años, y Filiseo Tracio dedicó la mayor parte de su tiempo en los bosques observando las costumbres y el modo de trabajar de las abejas, Aristóteles y Virgilio dieron un puesto importante á las abejas en la Historia Natural.
En los tiempos modernos la abeja fué el tema de estudios y observaciones de los más eminentes naturalistas y de innumerables estudiosos, y entre ellos figuran: Linneo, Darwin, Reaumur, Giovanni, Maraldi, Swammerdamn, Ray, Hunter, Fuler, Miller, Barbó, Canestrini, Crivelli, Dax, Kirby, Riem, Uliri, Berlepsch, Floury, Contardi, Barbieri, Berti-Pichat, etc., etc.
Aquí en nuestro país son muy pocos los que se han dedicado al estudio de las abejas, y el que por el momento recuerdo es el doctor Carlos Spegazzini, que ha hecho serios estudios que no dejan en el ánimo la mínima duda respecto de la utilidad de estos insectos en la agricultura.
Desgraciadamente la agricultura en nuestro país no tiene la importancia que merece y que debiera estar á la altura de la europea; pero dado los pocos cuidados que se le ha tenido y la rutina casi general de nuestros agricultores, tenemos que lamentar que no tenga el grado correspondiente.
Nuestro clima y la abundancia de alimentación que no dejan nada que desear, son elementos poderosos para el cultivo de esta industria. Otra de las causas que ha contribuido es verdaderamente, la falta de protección, contentándose algunos que han tenido colmenas con despojarlas de una manera impropia de sus productos, sin lograr tan siquiera proporcionarles los cuidados que necesitan para que den un producto continuo y abundante.
Claro es que de esta manera el arte apícola no llega á tomar sus formas reales, antes bien se va muriendo por la falta de propensión de muchos agricultores en desechar los sabios consejos y prácticas en provecho de ellos mismos. Deben sí desechar esas prácticas rutinarias y codiciosas con que tratan generalmente á las abejas, así también á las ninguna reglas que á esta beneficiosa industria le tienen; al contrario, deben, de modificar poco á poco el mal sistema que adoptan y calcular las ganancias y ventajas que le rendirá un colmenar bien dirigido, y verán cuán útil y lucrativa es esta industria.
Como arte es uno de los más nobles y como ciencia es la que con más interés y esmero debiera de cultivarse, pues ella es una de las más decorosas y digna para el hombre y para la utilidad de la agricultura.
Propaganda apícola — En las escuelas del estado debiera formar parte del programa la enseñanza elemental de apicultura, estando complementados por cursos teóricos dictados por los institutores que están en ejercicio.
Con más interés todavía en las escuelas prácticas de agricultura, de donde pueden salir verdaderos campeones apicultores. Darles á los alumnos lecciones teórico-prácticas, enseñarles la utilidad de este cultivo, las colmenas modelos, sus ventajas; cuáles son los mejores métodos usados hasta ahora, introducir abejas extranjeras, estudiar sus costumbres, efectuar ensayos sobre cruzamientos, estudio de la flora de las plantas melíferas, manipulación de la miel y cera, preparación de los derivados de la miel, hidromiel, vinagre, etc., y todo aquello que sea de orden apícola.