Se han preconizado muchas y distintas clasificaciones por distintos autores para las patologías pulpar y periapical, según su etiología, anatomía patológica o sus manifestaciones clínicas, pero como lo afirma Lasala casi todas eran clasificaciones histopatológicas, que no son prácticas para la aplicación clínica y el establecimiento de una terapéutica racional.
Cohen y Burns opinan que, desde una visión más global, la pulpa se clasifica fundamentalmente como enferma o sana y, atendiendo a criterios de tratamiento adecuados, debe decidirse si ha de extirparse o no.