Este trabajo atraviesa parte de la historia de vida de mi mamá, Ana María Fonseca, quién constituye mi propia vivencia como mujer africana, descendiente de cabo-verdiana, nacida y criada en la isla de Príncipe, por una madre soltera que atravesó el océano bajo las necesidades violentas del dominio colonial. Sin duda, este capítulo es parte de un proceso, y ha sido uno de los más difíciles y dolorosos de escribir, dada la intimidad que presenta con la trayectoria de mi madre y de mis ancestras. Sin embargo, lo veo como necesario y urgente. Como sostiene Concepción Evaristo (2020), escreviver tiene la intención de provocar incomodidad y denuncias, se refiere a las historias que fueron y son silenciadas, sea a nivel personal o colectivo; del modo en el que yo lo veo, como un camino repleto de desafíos. Revivir los dolores de nuestro pasado no es como abordar un simple objeto de estudio, fácil de acceder. No es un lujo. La necesidad de retomar nuestras experiencias es parte de la penuria de mantener nuestra propia supervivencia. Grada Kilomba (2019) sostiene que, existe una cierta urgencia en descolonizar la mente y teorizando junto a intelectuales como Frantz Fanon, bell hooks y Philomena Essed, ella examina el legado colonial y las injusticias sociales que derivan del mismo. Considero que las reflexiones teóricas son de gran importancia, en tanto, existe la posibilidad de escribir y reflexionar a partir de nuestras historias individuales, como una forma de asegurar y dar visibilidad a nuestras vivencias reales de lucha contra nuevas formas de violación de derechos.