El feminismo nos ha hecho considerar de otro modo las prácticas autobiográficas al deconstruir el arquetipo de autor masculino que escribe su propia biografía y representa una época o generación. Éstas pueden ser pensadas más allá de las memorias personales e incluir relatos ficcionales o narraciones orales en los que emergen múltiples voces de niñas y mujeres que exponen sus subjetividades, memorias y experiencias y, a la vez, indican la centralidad de las mujeres como narradoras de sus propias historias. En este ensayo trato las autobiografías como género literario en un sentido amplio y, al mismo tiempo, considero la posición de intencionalidad asumida por Nawal al-Saadawi, la voluntad de contar su historia, su ejercicio consciente de memoria. De las tres obras que la autora reconoce como autobiográficas, le doy especial importancia a La hija de Isis, el texto que habla de sus primeros 20 años, relato que emerge de la infancia, de los años escolares de primaria y secundaria, años decisivos que incluyen su tránsito por la Escuela de Medicina y convulsionados eventos nacionales entre 1948 y 1951; es decir, entre la guerra árabe en defensa de Palestina y en contra de las fuerzas militares israelíes y la toma del Canal de Suez por los grupos de resistencia a la ocupación colonial británica. Fueron años que determinaron la dirección de su vida, dice la autora, abarcan el tiempo de dos matrimonios y el nacimiento de su primera hija, Mona, que apenas tenía cuatro meses cuando la nacionalización del Canal de Suez en 1956 puso fin a setenta y dos años de ocupación británica. Las dos décadas a la que alude La hija de Isis, entre los años treinta y cincuenta, tienen un fuerte sello de lucha anticolonial en toda la región y también en Egipto. En este texto voy entrelazando la vida de al-Saadawi y su obra, con cierto énfasis en la autobiografía mencionada.