En el período que va de 1973 a 1983 se exiliaron unas 300.000 personas, lo cual incidió en el destino de varias generaciones posteriores. El libro compilado por Teresa Basile y Cecilia González aborda el denominado exilio argentino del76 poniendo el foco en el exilio de la "segunda generación” y sus producciones literarias y artísticas, las de quienes se fueron siendo niños –"les hijes exiliades”–, pero también la de aquellos hijos e hijas que nacieron en el exilio –"les hijes del exilio”. En el prólogo –que con sus ciento cincuenta páginas es casi un libro en sí mismo– las autoras plantean que el exilio siempre fue un tópico central en la literatura argentina, y es justamente en esa serie donde hay que situar la producción de "les hijes”, cuyo antecedente más inmediato lo conforman los textos de "los proscriptos del 76”. El recorrido que plantean los capítulos profundiza un campo poco explorado hasta el momento: el de la infancia exiliada. Esta práctica represiva formó parte de la violencia ejercida durante la última dictadura militar argentina, pero fue reconocida más tarde que otros tipos de violencias, ya que el llamado "exilio dorado” (tal como fue estigmatizado por los militares) acarreó una condena social, así como una condena proveniente de sus propios compañeros de militancia que afectó la subjetividad de los exiliados y dificultó que pudieran asumir su condición de víctimas.