Tal como lo sugiere Enesco (1996), ha sido un problema para la historia del pensamiento analizar si existen facultades innatas para discriminar entre el bien y el mal, o si es algo que se produce por el solo hecho de vivir en sociedad. Más allá de la necesaria reflexión crítica, propia del ámbito de la filosofía, este también constituye un tema de investigación para la psicología y, como tal, merece ser indagado empíricamente, formulando preguntas verificables.
Comenzaremos este capítulo de revisión definiendo y delimitando el campo de estudios al que refiere el conocimiento moral, diferenciándolo del conocimiento sobre las instituciones sociales o del referido a las relaciones con otros o de los otros.
A continuación, se describirán brevemente las diferentes perspectivas teóricas desde donde se ha estudiado el desarrollo moral, explicitando luego el enfoque piagetiano al respecto.
Desde esa perspectiva, se presentarán los argumentos por los cuales se puede sostener que el desarrollo del conocimiento moral es una construcción que no puede ser escindida de la relación social. Esto se debe a que sin la confrontación con otros, resultaría imposible para el niño la descentración de su pensamiento egocéntrico, imprescindible para el desarrollo de una moral autónoma.