El arte interactivo ha ido cambiando a través de los años, adaptándose a los avances tecnológicos y a las nuevas formas de interacción. Las interfaces tangibles se construyen como un puente entre los participantes y la tecnología que sostiene la obra, funcionando como medios capaces de enriquecer la experiencia artística. Estas interfaces no solo facilitan el acceso a la obra, sino que también generan sensorialidades y emociones que potencian la conexión entre el usuario y el arte.
La relación bilateral que ofrecen las interfaces tangibles permite un diálogo dinámico entre la obra y el participante, arraigando la interacción al mundo físico y por lo tanto permitiendo múltiples posibilidades dentro de la experiencia. Al aprovechar las posibilidades de la tecnología, es posible diseñar propuestas más abarcativas e inclusivas, que incorporen elementos sensoriales y emocionales para crear experiencias significativas.
Las interfaces tangibles se destacan como herramientas fundamentales para explorar y potenciar las capacidades interactivas, ofreciendo nuevas perspectivas para el arte y fomentando una relación más profunda entre la tecnología, la emoción y la creatividad. El arte interactivo se posiciona como un espacio de expresión, capaz de aprovechar los avances tecnológicos para transformar la manera en la que los usuarios perciben y se relacionan con el arte y proponiendo a las interfaces tangibles como el medio para esta bilateralidad interactiva y diálogo entre la obra y el partícipe.
El diseño de la experiencia en el arte interactivo, permite entender los procesos y caminos que plantean las obras artísticas y por lo tanto, generar desde el lado del artista una respuesta anticipada a lo que se encuentra el participante ante la obra, anticipando reacciones y acciones. Esto no solo permite ajustar las propuestas del artista en el arte interactivo, sino también entender y controlar las respuestas tecnológicas en los usuarios.