La salud humana en el mundo ha mejorado enormemente durante los últimos cien años, principalmente gracias a la mejora de las condiciones de vida, la salubridad (por ejemplo, el acceso a agua no contaminada) y la atención sanitaria. Pero también, aunque quizá en menor medida, gracias a los descubrimientos científicos. Los rayos X y la penicilina son ejemplos de descubrimientos que han provocado grandes avances médicos, en tanto que las vacunas, que emanan de una investigación aplicada, han salvado, igualmente, millones de vidas.
Esos éxitos extraordinarios han inducido a pensar que si aumentara la investigación biomédica, la salud acabaría mejorando. Sin embargo, la realidad no es tan simple. Para que la investigación biomédica mejore la salud hace falta, primero, tener en consideración factores que, estrictamente, escapan del ámbito de la medicina. Antes que nada, se debe prestar más atención tanto a las necesidades humanas como a las causas de la mala salud. Teniendo todo esto en cuenta, es posible, entonces, establecer prioridades de I+D más efectivas.
Muchos analistas aducen que los beneficios sanitarios de la investigación podrían mejorar sustancialmente si las prioridades se determinaran de un modo más sistemático. La asignación de fondos de investigación se basa en varios criterios, normalmente relacionados con la percepción que se tiene de la calidad científica de proyectos y equipos, de su potencial para generar avances científicos y de las demandas o necesidades sociales respecto a un problema concreto. Sin embargo, en la práctica, se insiste mucho en evaluar la calidad científica para fomentar la excelencia y se presta mucha menos atención a comprobar si la investigación responde a las necesidades sociales.
Estudios recientes sugieren que hay un desajuste entre las prioridades de la investigación y las necesidades sanitarias en el nivel nacional y, todavía más, en el mundial (Gross et al., 1999; Evans et al., 2014).
En el presente artículo se analiza cómo mejorar la fijación de prioridades de la investigación sanitaria a la luz de si esta responde o no, y en qué medida, a necesidades sociales.