El presente trabajo parte de un lugar situado y de un inevitable grado de subjetividad. Este reconocimiento es expresión de nuestra procedencia identitaria. Ambas somos abogadas, graduadas de la Universidad pública, trabajamos como docentes y poseemos ciertos recorridos de militancia tanto en lo que se llama "la política tradicional” como en lo que podríamos llamar el amplio movimiento feminista.
Con esto no queremos presumir ni caer en una pedantería banal, sino establecer que algunas de las preguntas que nos formulamos - porque sobre todo tenemos una lista enorme de interrogantes y una cantidad mucho menor de conjeturas- parten de esos recorridos. Desde este punto de vista, como todas las personas, vamos cambiando, nos transformamos, un poco nos deconstruimos, estamos, más que somos.
Quizá, sean muchos los aspectos y aristas que queremos tratar en este artículo, y requieren de relevamientos, investigaciones y estudios que trascienden las presentes líneas. Aun así, nuestro principal objetivo es promover interrogantes, reflexiones y algunos aportes concretos tendientes a la necesidad de implementar acciones para erradicar la violencia mediática y política en los medios de comunicación y su reproducción hasta que el respeto por las medidas de equidad de géneros y su tratamiento informativo adecuado se instaure, sea asumida y apropiada por los medios y la/os periodistas y comunicadores y los gremios y asociaciones que los nuclean como faro de sus líneas editoriales, coberturas y quehacer y se plasme como un compromiso social y colectivo. ¿Pretensioso? ¿Y por qué no? Late muy fuerte el poder de una marea verde que repercutió en el mundo y evidenció que la elaboración participativa de normas y su exigencia es posible.