El siglo XX trae consigo los primeros impactos de las nuevas tecnologías sobre el campo del arte, la llegada del cine, la fotografía, la televisión, el vídeo en los años 60 y el ordenador desde los años 80. La ciencia y el arte comienzan a vincularse y a dejar atrás las grandes diferencias que parecieron tener en el pasado. Comenta a propósito Xavier Berenguer: El divorcio entre artistas y científicos tuvo su inicio con Newton y su modelo mecanicista del universo, y se consolida a continuación con las consecuencias de su método, especialmente durante la Revolución Industrial. En el siglo XIX las máquinas sustituyen al hombre, ahorrándole esfuerzo, pero a la vez, restándole identidad. La ciencia, cada vez más poderosa, empieza a enseñar los dientes de la destrucción y de la anti-humanidad. Los artistas, como reacción, se refugian en sí mismos. La incompatibilidad entre hombre y máquina y el concepto que "el científico y la subjetividad son absolutamente incompatibles", presidiría las relaciones entre las comunidades científica y artística durante el siglo XIX y buena parte del XX. Estos primeros pasos apenas hacen notar que en poco tiempo ocurriría un proceso de novedosas relaciones colaborativas e interacciones entre los campos del arte, la ciencia y las nuevas tecnologías.