¿Trabajas en las villas? ¿Ves chicos con causas penales? ¿Y tratas con pibes que viven en la calle? ¿No tenés miedo? Muchas de estas preguntas solapan, y no tanto, sentimientos de rechazo hacia estas personas y grupos, que se asocian con una nube de representaciones y se expresan de manera cotidiana, sin pudor. Quienes formulan estas (in)quietudes naturalizan estas impresiones, que consideran son compartidas por las personas de su entorno. Difícilmente registran el desprecio que se impregna en estas oraciones y el desagrado que producen estos comentarios en algunas de las personas receptoras de estos enunciados, que se formulan de manera casual, en una charla informal. Más que expresar inusuales expresiones de reconocimiento hacia profesionales con formación universitaria que se desempeñan con sectores considerados vulnerables, son interrogantes que dan cuenta de las formas que asume el rechazo hacia las y los sujetos que constituyen estas poblaciones, que se manifiestan en los espacios de cercanía, donde circulamos los profesionales en nuestra vida cotidiana y que muchas veces podemos entender alineados con un sentido común que se exacerba, a diario, en los medios de comunicación. Los aportes de las epistemologías feministas y queer, nos remiten a los estudios de los afectos, que han adquirido notoriedad en los últimos años del siglo pasado al interior de las Ciencias Sociales. Este "giro” hacia lo afectivo estudia el rol de las emociones y los afectos para pensar la vida social y política, por cuanto durante mucho tiempo, las emociones fueron analizadas/explicadas centralmente como procesos privados e internos.