¿Es posible estudiar, desde un enfoque proyectual y a partir de consideraciones no esquemáticas, cómo se trabaja y desarrolla la propia poética autoral? Algo así como lo que propone Jean Claude Carriere para ejercitar la imaginación, que el autor francés piensa como un "músculo”. Pero reflexionando sobre el modo en que la obra se puede nutrir consciente y creativamente de la propia vivencia.
En un espacio educativo de diálogo con proyectos audiovisuales de inminentes realizadores, que demandan una interpretación no solamente "técnica” de ideas y relatos, la cuestión de cómo hacer crecer la voz propia y desgranar un modo personal que sea relevante socialmente, aparece una y otra vez.
Como sostuvimos en la Introducción, muchas opiniones del campo de la enseñanza audiovisual niegan la cuestión planteando que semejante discusión es poco racional, remite a un tema indefinible. Y al no ser objetivable se invalida todo debate intelectual. Implícitamente, como planteamos en la Introducción, se sostiene que esa elaboración de lo personal es un límite, porque la capacidad para desarrollarla se posee o no. Esa capacidad asume –según el interlocutor – los nombres de originalidad, capacidad, "talento”, personalidad artística, etc.
Entonces el trabajo educativo se limita a presentar herramientas de análisis y realización, modelos de interpretación, autores y obras. Sin considerar explícitamente cómo cada alumno dialoga con esos conocimientos, cómo los pone en tensión con su propia personalidad. La riqueza de ese diálogo no se hace objeto de la razón crítica; la evaluación queda limitada a lo "técnico”. Aunque los modos personales-sociales de cada estudiante estén presentes, como grietas de los contenidos formales.