En la Argentina de los años treinta, la reevaluación positiva de las culturas populares de base indígena e hispano-colonial es emprendida, en general, como parte de una reivindicación regionalista del interior. En este sentido, juegan un papel importante algunos autores vinculados al folclorismo santiagueño, como los hermanos Duncan y Emile Wagner, Orestes Di Lullo, Bernardo Canal Feijóo y Carlos Abregú Virreira, ligados al grupo La Brasa, central en la modernización del campo intelectual regional. La formación de La Brasa pone en juego estrategias de legitimación propias de una agrupación periférica (del interior), y previas a la profesionalización de las ciencias sociales. La revista cultural que edita el grupo entre 1927 y 1928, también titulada La Brasa (de formato tabloide y difusión masiva), publica artículos sobre literatura, arqueología, medicina e historia, entre otros temas, orientando sus trabajos especialmente en torno a la construcción y consolidación de una identidad regional.