El tejido adiposo, a pesar de su alto contenido en trigliceridos (T.G.) (95% aproximadamente), que podría llevar a esperar de el una actividad metabólica muy pequeña, posee, al igual que los demás tejidos, una actividad muy variada e importante. Este hecho ha llevado a que en pocos años se haya desarrollado su estudio, el de las células grasas aisladas (C.G.A.) y posteriormente el de sus membranas. Los estudios metabólicos que se realizan con C.G.A. presentan la ventaja sobre aquellos en que se utiliza el tejido adiposo, de que al incubar C.G.A. se elimina el tejido intercelular y de este modo la célula está en contacto directo con las distintas sustancias de las cuales se quiere estudiar su acción. Es así como se ha observado que las C.G.A. responden a la acción de las hormonas con mayor sensibilidad que la observada con tejido adiposo. A este respecto resulta de gran importancia el aporte realizado por Sutherland y colaboradores, al demostrar que el 3'5' adenosin monofosfato cíclico (3'5' AMP) juega un papel clave actuando como un verdadero puente entre la acción de las hormonas y sus efectos.
En la actualidad se acepta que una hormona luego de ser liberada por una glándula endócrina y transportada hasta su célula efectora, interacciona con un componente de la membrana celular llamado sistema de adenil ciclasa. Ha quedado establecido que cada hormona tiene un receptor específica pero que todas ellas llevan a la activación del sistema adenil ciclasa, el que a su vez promueve la transformación de adenosin trifosfato (ATP) en 3'5' AMP. Este último compuesto, mediante su acción dentro de la célula, conduce a distintas respuestas fisiológicas.