Entre 2003 y 2015 el Ministerio de Desarrollo Social de Nación desarrolló un conjunto de programas anclados en la economía social, con los que buscaba incluir a los destinatarios en el mercado laboral, incorporándolos en esquemas de producción de tipo grupal y solidario.
En este marco, el programa "Argentina Trabaja” alentaba su integración en unidades de producción de tipo cooperativa, otorgando por ello una retribución mensual. El "Banco Popular de la Buena Fe” fomentaba microemprendimientos individuales desde el microcrédito e incentivaba a sus destinatarios a incluirse dentro de grupos solidarios, entre quienes debían surgir relaciones de confianza.
Estos programas presentaban un fuerte componente moral que se podía identificar tanto en sus lineamientos como en la impronta que adquirían en la voz de los agentes encargados de su implementación. Así por ejemplo, el "Banco Popular” invitaba a compartir encuentros en los que no solo se proponía analizar la situación de los grupos de destinatarios con relación a sus proyectos económicos, sino también sensibilizarlos sobre valores tales como la "confianza”, el "valor de la palabra”, "la ayuda desinteresada” y la "buena fe” de las personas. Esos valores no solo resultaban útiles para las reglas de funcionamiento del programa, sino que también pretendían incidir en la vida cotidiana de sus destinatarios.