La idea de trabajar con otras personas para alcanzar un objetivo común tiene, en principio, una asociación positiva. La cooperación representa un rasgo humano valioso. Poder trabajar en grupos, sin embargo, no es una tarea tan sencilla. Requiere múltiples habilidades. El abordaje proyectual se evidencia de manera creciente dentro de las problemáticas del arte contemporáneo. Los enfoques interdisciplinarios en proyectos artísticos son muy frecuentes en la actualidad. Pero desde luego, las tareas colaborativas no son un descubrimiento de nuestros días. El hacer cerámico constituyó, desde el comienzo de su historia, una labor colectiva. Los intentos por romper con la separación tradicional entre arte y artesanía, integrando la función y la estética en la producción industrial fueron el motor de la Bauhaus, escuela de diseño fundada en 1919 por Walter Gropius. Su objetivo era crear un arte para todos, que se expresara a través de la funcionalidad, la innovación tecnológica y la producción en serie. Recién durante el siglo XX floreció el concepto de la cerámica de estudio, donde una sola persona debía ser capaz de llevar a cabo todas las etapas de concreción del proceso cerámico. En los años 60, el movimiento artístico Fluxus desafiaba las convenciones del arte tradicional, explorando la interacción con el público, la performance y el uso de materiales cotidianos. Fluxus exploró la producción en serie a través de la reproducción de sus panfletos y publicaciones, con la idea de democratizar el acceso al arte.