El campo de los cuidados nos ocupa e interpela desde hace ya tiempo. Desde los distintos recorridos profesionales y enclaves institucionales como trabajadoras sociales, desde la docencia e investigación, venimos mirando y problematizando experiencias e historias propias y de colegas y estudiantes de Trabajo Social en relación a los cuidados y descuidos, descuidos que se tornan en padecimientos, enfermedades, malestares que, si bien en muchos casos aparecen nombrados desde un diagnóstico o un tratamiento, no parecieran quedar encorsetadas en esos márgenes. El cuidado empieza a aparecer en este proceso como categoría posibilitadora de vincular sin pretensiones de reducir ni simplificar- aquellas situaciones que se presentaban individualizadas en una experiencia personal, reconociéndolas en el marco de una trama colectiva. En este sentido, problematizar los cuidados desde esta perspectiva se vuelve una apuesta colectiva en tiempos de fragmentación e individualismo. Nos proponemos, en este escrito, recuperar la potencia de cuidar-se como acto colectivo, como práctica fuertemente política, que permite el sostenimiento de la vida que solo es posible si está anclada en una trama que sostiene y deja sostener, y que es necesario revalorizar en la formación de Trabajo Social. En una profesión que tiene estrechos lazos con el cuidado, y en un contexto de precarización de las condiciones materiales de existencia, que recrudece las situaciones con las que intervenimos y nuestra propia condición como trabajadores, el cuidado de sí es una dimensión que requiere reconocimiento en los procesos de formación profesional de Trabajo Social.